¿Por qué los hombres comen más que las mujeres? La ciencia tiene la respuesta
La diferencia en las necesidades energéticas entre hombres y mujeres constituye un tema recurrente en la nutrición. Los requerimientos calóricos diarios, la composición corporal y el metabolismo confo…

La diferencia en las necesidades energéticas entre hombres y mujeres constituye un tema recurrente en la nutrición. Los requerimientos calóricos diarios, la composición corporal y el metabolismo conforman los ejes principales de un debate que se enriquece con aportes de especialistas y estudios universitarios recientes.
Diversos organismos de salud pública y centros de investigación coinciden en que el promedio recomendado para mujeres se sitúa en torno a las 2.000 kilocalorías diarias, mientras que en los hombres asciende a unas 2.500 kilocalorías.
Esta diferencia, aunque relevante a nivel poblacional, puede oscurecer la enorme variabilidad individual vinculada al estilo de vida, la genética y el contexto hormonal

Metabolismo basal y composición corporal
La especialista Bethan Crouse, de la Universidad de Loughborough, destacó en declaraciones a The Guardian que uno de los factores más determinantes es la tasa metabólica basal.
Según la experta, “una de las principales razones por las que los hombres suelen necesitar más calorías es que, por lo general, tienen una tasa metabólica basal más alta”. Esta diferencia se asocia sobre todo a la mayor masa muscular promedio entre los varones, ya que el músculo demanda más energía en reposo que la grasa.
Los datos recopilados por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) coinciden con este planteo: el gasto energético basal de una persona depende en gran medida de la cantidad de músculo, el peso corporal total y la edad. Por este motivo, una mujer atlética, con elevado desarrollo muscular, puede llegar a requerir más calorías que un hombre sedentario de contextura promedio.

Hormonas y gasto energético: el rol de la testosterona
El impacto de las hormonas sexuales sobre el metabolismo constituye otro elemento clave para comprender las diferencias de gasto calórico.
La testosterona, que es significativamente más alta en los hombres, favorece tanto el crecimiento muscular como el aumento del consumo energético incluso en reposo. Investigaciones de la Universidad de Harvard han demostrado que las variaciones hormonales, en particular durante la pubertad y la adultez temprana, influyen en la capacidad del músculo para utilizar calorías de manera eficiente.
Por su parte, las mujeres presentan un mayor porcentaje de grasa corporal, lo cual puede disminuir la tasa metabólica basal. Sin embargo, la situación se complejiza cuando se consideran otros factores, como el ciclo menstrual o el embarazo, que pueden modificar las necesidades energéticas en etapas específicas de la vida.

Actividad física, edad y adaptaciones metabólicas
El nivel de actividad física es otro de los factores que puede alterar de manera significativa el requerimiento calórico. Las guías publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan ajustar la ingesta energética según el grado de movimiento diario, ya que una persona activa puede necesitar hasta un 30% más de calorías que alguien sedentario.
Además, la edad desempeña un papel relevante: a medida que pasan los años, la masa muscular suele disminuir y, con ella, el metabolismo basal. De acuerdo con el Instituto Mayo Clinic, después de los 30 años el cuerpo tiende a perder músculo de forma progresiva, lo que obliga a recalibrar la dieta para evitar el aumento de peso o déficits nutricionales.
Otro aspecto subrayado por Crouse y respaldado por investigaciones de la Universidad de Yale tiene que ver con el historial de dietas restrictivas: “Quienes mantienen durante años una restricción calórica estricta pueden experimentar una disminución sostenida del gasto energético, ya que el organismo ajusta su metabolismo para preservar energía”.

Guías de referencia y personalización nutricional
Ante la complejidad de factores involucrados, las recomendaciones oficiales insisten en la necesidad de personalizar las pautas alimentarias.
Organismos como el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) y el portal especializado WebMD ofrecen recursos para calcular el requerimiento calórico individual, considerando variables como sexo, edad, peso, altura y nivel de actividad física.
El consenso entre expertos es claro: “No existen reglas absolutas en nutrición”, remarca Crouse. Las guías deben entenderse como puntos de partida, no como mandatos inamovibles. La clave reside en la evaluación profesional y el seguimiento de parámetros personales, en lugar de atenerse únicamente a valores promedio.

Estudios recientes y nuevos enfoques
Avances en medicina deportiva y nutrición, como los realizados en la Universidad de Stanford, han permitido afinar los métodos de estimación del gasto energético. Mediante el uso de tecnología de análisis corporal y seguimiento de actividad, los especialistas pueden hoy ofrecer pautas mucho más precisas a cada individuo.
Además, los estudios muestran que el metabolismo puede variar hasta un 25% entre personas con características físicas similares, lo que refuerza la importancia de la personalización.
En definitiva, la diferencia calórica entre hombres y mujeres responde a factores biológicos, hormonales y conductuales que interactúan de manera compleja. La ciencia respalda la necesidad de contemplar esta diversidad, alejándose de los estereotipos y apostando por un enfoque flexible y ajustado a cada realidad.





