Por qué las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo
Además, la OMS resalta la importancia de actuar sobre factores conductuales y ambientales, como dieta poco saludable, obesidad, sedentarismo, consumo nocivo de alcohol y contaminación del aire, para r…

Cada año, millones de personas fallecen por enfermedades cardiovasculares, muchas de las cuales podrían prevenirse. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas patologías representan cerca de un tercio de todas las muertes a nivel global y afectan tanto a hombres como a mujeres, sin distinguir edades ni fronteras. Se consideran parte de las enfermedades no transmisibles (ENT), resultado de una combinación de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y de comportamiento.
A pesar de los avances médicos, estas enfermedades continúan cobrando vidas debido a la persistencia de factores de riesgo modificables que muchas veces son ignorados o subestimados. Entre ellos destacan:
Tabaquismo: Fumar incrementa entre 2 y 4 veces el riesgo de enfermedades cardíacas; incluso los cigarrillos electrónicos aumentan el riesgo de infarto.
Colesterol elevado: El seguimiento del colesterol no-HDL, que agrupa partículas con potencial aterogénico, es clave para prevenir obstrucciones arteriales.
Presión arterial alta: Mantener cifras por debajo de 120/80 mmHg mediante control médico, actividad física, reducción de sodio, manejo del peso y del estrés ayuda a prevenir complicaciones.
Alteraciones metabólicas: La medición de la hemoglobina A1C permite controlar los niveles promedio de glucosa y limitar riesgos en pacientes con diabetes o predisposición metabólica.
Además, la OMS resalta la importancia de actuar sobre factores conductuales y ambientales, como dieta poco saludable, obesidad, sedentarismo, consumo nocivo de alcohol y contaminación del aire, para reducir la mortalidad cardiovascular.
Según The Washington Post, la prevención efectiva combina detección temprana, cambios en el estilo de vida y políticas públicas que fomenten hábitos saludables, desincentiven el tabaquismo y amplíen el acceso a controles médicos. La colaboración entre pacientes, profesionales de la salud y autoridades es esencial para frenar la principal causa de muerte global.
En conclusión, el control del colesterol no-HDL, la hemoglobina A1C, la presión arterial y la eliminación del tabaco, junto con la educación sanitaria y la prevención comunitaria, constituyen las estrategias más efectivas para reducir la carga de las enfermedades cardiovasculares y salvar millones de vidas cada año.









