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El Mundo

Dos niñas recorren todos los días 20 kilómetros a pie para llegar a su escuela

Cuando todavía faltan varias horas para que despunte el día, cuando sus vecinos y paisanos aún duermen, Zamda y Um, dos hermanas de 14 y 17 años, se preparan para el viaje de 10 kilómetros que están a…

Redacción Telenoticias • April 11, 2021 4:59 pm
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Cuando todavía faltan varias horas para que despunte el día, cuando sus vecinos y paisanos aún duermen, Zamda y Um, dos hermanas de 14 y 17 años, se preparan para el viaje de 10 kilómetros que están a punto de emprender.

Su particular y cotidiana travesía. Una odisea llena de dificultades, más aún en época de lluvias, que ambas, que nacieron y viven en una remota aldea de la zona central de Tanzania, un lugar humilde y rural donde las mujeres encuentran muchos más problemas y menos soluciones que los hombres, deben afrontar a diario para ir a la escuela de educación secundaria. Sueñan con un futuro más próspero para ellas y para su familia.

Son las cuatro y media de la madrugada, la fuerte lluvia golpea la placa de aluminio del tejado y produce un sonido que hace difícil conciliar el sueño.

Desde que comenzó a caer agua poco antes de la medianoche, el ensordecedor ruido ha ido yendo a más de forma paulatina. Cuando suena el despertador, pasados unos minutos, Amisi Nchira, un granjero de 53 años —cabeza y rostro afeitado, figura delgada y sonrisa bonachona—, se levanta, corre el pestillo para abrir la puerta de su casa, mira afuera y dice en lengua kirangi: “Ha llovido mucho y el río vendrá cargado de agua. No sé si las niñas van a poder ir hoy al colegio”.

Fatuma Yusufu, la esposa de Amisi, ama de casa, se levanta justo después. Ambos han dormido en un pequeño cuarto en el que una tela a cuadros hace las veces de puerta y donde esa misma cortina y una cama son el único mobiliario. Frente a ellos, en otra habitación, también con una sola cama, sus seis hijos (cinco mujeres y un varón, 23 años la más mayor y cinco el más joven) y su primer nieto empiezan a despertarse. Aunque la temperatura suele ser agradable a horas tan tempranas, las lluvias resultan demasiado frecuentes en las madrugadas de Bambare, una aldea de menos de 1.00 habitantes a unos 40 kilómetros al norte de Kondoa, la ciudad económica y administrativamente relevante más próxima, con unos 20.000 habitantes.

Mientras Fatuma hierve agua para preparar té en el salón, iluminado con una bombilla que consume la energía que proporciona un pequeño panel solar colocado en el tejado, se escucha el cacareo de las gallinas que la familia, de la tribu mrangui y musulmanes, tiene en una de las dos dependencias del patio. En la otra hay vacas y cabras. Esos animales y unos arrozales próximos a la casa son lo único que tienen Amisi y Fatuma para sacar adelante a los suyos. Poco. Pero más que muchos. En Tanzania, un país de 58 millones de habitantes, la mitad de la población vive con menos de dos euros al día.

Según el Banco Mundial a principios de siglo XXI, una familia rural en Tanzania subsistía con 32 céntimos de euro diarios. Ellos pueden gastarse unos 10.000 chelines tanzanos (alrededor de 3,7 euros).

Cuando Zamda y Um se asoman al salón, la tetera ya anuncia con un suave silbido que el líquido está listo para beber. Será el desayuno de toda la familia. Al menos, la cena de la noche anterior fue abundante; cuando la oscuridad ya comandaba Bambare, sentados sobre una alfombra en la misma habitación donde ahora Fatuma prepara el té, cada uno de los ocho miembros de la familia dio cuenta de un plato de arroz con un par de pedazos de un pollo que Amisi había sacrificado unas horas antes.

Esta mañana, mientras desayunan, la familia comenta los detalles del viaje de algo más de 10 kilómetros que está a punto de comenzar. “Si las niñas estudian, quizás puedan ayudarnos en el futuro. A lo mejor acceden a mejores oficios”, sugiere Fatuma. “Aquí sólo hay trabajo en el campo y, con eso, difícilmente nos llega para todos. Necesitamos dinero. Hay que intentar mejorar”, valora Amisi.