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Bienestar Y Vida

¿Ya estás en los 30? Expertos alertan sobre la fragilidad y cómo prevenirla a tiempo

La visión tradicional de la fragilidad como un destino inevitable en la vejez está siendo cuestionada por investigaciones recientes, según destaca la revista New Scientist. Diversos estudios muestran …

Redacción Telenoticias • April 2, 2026 8:35 am
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La visión tradicional de la fragilidad como un destino inevitable en la vejez está siendo cuestionada por investigaciones recientes, según destaca la revista New Scientist. Diversos estudios muestran que tanto la fragilidad como el síndrome de pre-fragilidad pueden comenzar antes de la ancianidad, con señales detectables en personas entre 30 y 40 años.

Aunque este deterioro suele ser silencioso en sus primeras etapas, especialistas coinciden en que existen herramientas eficaces para identificarlo y adoptar medidas antes de que progrese de forma irreversible.

Estudios publicados en New Scientist indican que detectar, prevenir y revertir la fragilidad es posible si se identifican señales tempranas —como debilidad muscular, fatiga o reducción de la velocidad al caminar— y se actúa modificando hábitos: mantener una dieta con suficiente fibra, realizar ejercicio de resistencia, controlar el consumo de alcohol y favorecer la diversidad de la microbiota intestinal. Estas estrategias, junto a terapias en desarrollo, constituyen vías eficaces para reducir el riesgo de dependencia y promover un envejecimiento saludable, incluso desde la mediana edad.

Contrario a lo que se creía, la fragilidad no es únicamente consecuencia del paso de los años. Según especialistas citados por la revista New Scientistla fragilidad se define como un estado intermedio caracterizado por la disminución de reservas biológicas y una menor capacidad de recuperación ante situaciones adversas, y puede afectar a adultos jóvenes sin síntomas evidentes.

(Imagen Ilustrativa Infobae)La fragilidad se define como una disminución de reservas biológicas y una menor capacidad de recuperación ante adversidades (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio realizado en el Reino Unido encontró que hasta el 38% de las mujeres y el 35% de los hombres entre 37 y 45 años ya presentaban señales de pre-fragilidad, consideradas una fase de advertencia antes del deterioro físico. Mary Ni Lochlainn, experta en medicina geriátrica del King’s College London, señala que la fragilidad “es más un estado que una enfermedad”, ya que implica menor capacidad de recuperación ante desafíos biológicos o emocionales.

El impacto de la fragilidad va más allá de caídas o fracturas. Quienes presentan este cuadro enfrentan un mayor riesgo de infecciones, delirium, demencia y pérdida acelerada de autonomía. Además, el riesgo de fallecer en el plazo de un año se multiplica por cinco en quienes desarrollan formas graves, según datos recogidos por New Scientist. Esto subraya la importancia de la detección precoz y del control de factores modificables.

Factores biológicos asociados a la fragilidad

La fragilidad implica procesos biológicos que afectan los músculos, el metabolismo y el sistema óseo. La sarcopenia, pérdida progresiva de masa muscular, dificulta actividades cotidianas como levantarse de una silla. La osteoporosis, que incrementa el riesgo de fracturas, suele presentarse junto a la sarcopenia en adultos pre-frágiles.

El deterioro de las mitocondrias, responsables de suministrar energía a las células, es otro factor relevante. Investigaciones dirigidas por Nicholas Rattray en la Universidad de Strathclyde identificaron al menos 12 metabolitos vinculados a la capacidad celular de procesar grasas, con repercusiones en el cerebro y el sistema inmunitario. La resistencia anabólica, o dificultad para generar nuevo tejido muscular, se relaciona directamente con la inflamación sistémica y el envejecimiento celular.

(Imagen Ilustrativa Infobae)El deterioro de las mitocondrias reduce la capacidad de las células para generar energía, afectando la salud global del organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La acumulación de células senescentes —que dejan de dividirse y liberan moléculas inflamatorias— aumenta con la edad y agrava la pérdida de reserva biológica. Niharika Duggal, investigadora de la Universidad de Birmingham, sostiene que existe “mucha evidencia directa que vincula la inflamación y la pérdida de masa muscular”. Además, factores psicológicos como la soledad o una percepción negativa del envejecimiento pueden anticipar la aparición de fragilidad, incluso antes de síntomas físicos notorios.

Influencia de la microbiota intestinal en la fragilidad

Estudios recientes mencionados por New Scientist subrayan el papel de la microbiota intestinal, cuya diversidad y composición inciden en la aparición y progresión de la fragilidad. Investigaciones lideradas por Claire Steves en el King’s College London muestran que la reducción de bacterias beneficiosas y el aumento de la inflamación intestinal favorecen la aparición de células senescentes y debilitan el sistema inmunitario.

Durante el envejecimiento, la composición bacteriana se modifica, permitiendo el predominio de microorganismos que promueven un entorno inflamatorio y aumentando la susceptibilidad en músculos y cerebro. La alimentación resulta clave: una dieta rica en fibra, vegetales frescos y alimentos fermentados potencia la diversidad bacteriana, mientras que la deficiencia de minerales como calcio, magnesio y zinc incrementa el riesgo de fragilidad.

Un ensayo clínico de 2020 divulgado por New Scientist demostró que en más de 600 adultos mayores, una dieta mediterránea rica en vegetales reduce bacterias asociadas a la fragilidad. El suplemento de prebióticos como inulina o fructooligosacáridos mejoró la fuerza muscular y la velocidad de marcha en personas mayores de 65 años, según publicaciones de 2024.

Herramientas de detección y prevención de la fragilidad

(Imagen Ilustrativa Infobae)La detección de la fragilidad utiliza la fuerza de prensión de manos, la velocidad de marcha y autoevaluaciones sobre fatiga y pérdida de peso (Imagen Ilustrativa Infobae)

La detección de la fragilidad implica evaluar la fuerza de prensión de manos, la velocidad de marcha y realizar autoevaluaciones sobre fatiga o pérdida de peso involuntaria. El modelo de cinco criterios desarrollado por la geriatra Linda Fried establece que uno o dos indicadores corresponden al estado de pre-fragilidad; tres o más confirman la condición de frágil.

El uso de herramientas digitales integradas en sistemas de salud, especialmente en el Reino Unido, permite intervenir antes de que el deterioro se consolide. Tom Brennan, investigador en envejecimiento de Flinders University, señala que “el estado emocional y la actitud ante el envejecimiento pueden ser señales tempranas”.

Las recomendaciones incluyen incrementar el consumo de alimentos vegetales, practicar ejercicios de resistencia, reducir el consumo de alcohol y mantener actualizadas las vacunas recomendadas.

El ejercicio de resistencia, como flexiones o levantamiento de pesas, es eficaz no solo en adultos mayores, sino también en quienes presentan síntomas iniciales de fragilidad. Daisy Wilson, geriatra de la Universidad de Birmingham, destaca que incluso personas en sus noventa pueden lograr mejoras notables en su fortaleza muscular con la adaptación de este tipo de actividad física.

Terapias emergentes para revertir la fragilidad

Junto a los cambios en el estilo de vida, se desarrollan terapias experimentales para frenar o revertir la fragilidad. New Scientist detalla avances en trasplante de microbiota intestinal, donde personas con fragilidad severa han registrado mejorías generales que van más allá de la reducción de infecciones intestinales.

Equipo médico con mascarillas y gorros realiza una cirugía bajo luces en un quirófano moderno.El trasplante de microbiota intestinal muestra resultados prometedores para revertir la fragilidad, reporta la revista New Scientist (Imagen Ilustrativa Infobae)

El desarrollo de fármacos y compuestos denominados geroprotectores —capaces de ralentizar procesos asociados al envejecimiento— representa otra línea prometedora. Entre ellos destacan los medicamentos senolíticos, que eliminan células senescentes, y suplementos como creatina, leucina o vitamina D3, que favorecen la recuperación muscular tras el ejercicio.

Daisy Wilson lidera en la actualidad ensayos en adultos mayores con tres tratamientos innovadores: metformina, utilizada inicialmente para la diabetes tipo 2; fisetina, antioxidante presente en fresas; y espermidina, compuesto derivado de alimentos como queso curado o soya.

El objetivo es determinar si estos agentes potencian la diversidad bacteriana, reducen la acumulación de células envejecidas y mejoran la función mitocondrial. Los primeros resultados sugieren su potencial en personas en estado de pre-fragilidad y con fragilidad establecida.

New Scientist concluye que, aunque estas nuevas alternativas abren perspectivas alentadoras, las medidas más eficaces siguen siendo accesibles: reforzar la alimentación con fibra, dedicar tiempo al ejercicio de resistencia y limitar el consumo de alcohol son fundamentales para conservar fuerza y autonomía en el envejecimiento.