Según medios internacionales, la tensión en Medio Oriente alcanzó niveles críticos tras la muerte del líder supremo iraní, Ali Khamenei, y los posteriores ataques en la región. Estados Unidos decidió la evacuación inmediata de todos sus ciudadanos en la zona, mientras se intensifican los enfrentamientos entre Irán, Israel y Washington.
Bombardeos masivos y ataques a infraestructura energética marcaron la jornada del lunes. Irán lanzó misiles contra territorio israelí, dejando presuntamente al menos diez fallecidos, en respuesta a las operaciones militares de Estados Unidos e Israel en Teherán y Líbano. El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que las operaciones continuarán “a toda fuerza”, aunque no descartó la posibilidad de un diálogo con un eventual nuevo liderazgo iraní.
La crisis también afectó a los mercados energéticos. QatarEnergy suspendió su producción de gas tras ataques iraníes, provocando un aumento de hasta un 45% en los precios del gas en Europa. En un incidente de “fuego amigo”, Kuwait derribó por error tres aviones F-15 estadounidenses durante un combate contra drones persas; los pilotos resultaron ilesos. Simultáneamente, ataques con drones alcanzaron la refinería saudí de Ras Tanura y un petrolero en el Mar de Omán, poniendo en riesgo el flujo global de crudo.
La inestabilidad se extendió al Mediterráneo, donde Chipre evacuó el aeropuerto de Paphos y zonas cercanas a una base británica ante amenazas aéreas. Pese a las denuncias de Irán, la OIEA confirmó que no hay daños en instalaciones nucleares ni niveles de radiación inusuales. El Pentágono desmintió informes sobre ataques a un portaaviones estadounidenses, mientras el gobierno del Líbano trataba de distanciarse de las acciones de Hezbollah para evitar una guerra total en su territorio.