Indignación en Brasil por una oleada de violencia en penales
La indignación crece en Brasil entre los parientes de docenas de presos asesinados en motines carcelarios. Las familias reclamaban los cuerpos para enterrarlos, más de dos días después de que los pres…
La indignación crece en Brasil entre los parientes de docenas de presos asesinados en motines carcelarios. Las familias reclamaban los cuerpos para enterrarlos, más de dos días después de que los presos se atacaran entre sí en varios penales del estado norteño de Amazonas.
Entre el domingo y el lunes murieron 55 presos en cuatro prisiones de la ciudad de Manaos, la mayoría estrangulados o apuñalados, en un nuevo brote de violencia en el sistema penitenciario de Brasil, superpoblado y con un problema de pandillas. No está claro qué desencadenó los choques, aunque las autoridades atribuyeron las muertes a luchas internas en un fracturado grupo criminal.
Ante el instituto forense de Manaos, familiares de las víctimas esperaron el miércoles durante horas con un calor sofocante, sin agua, comida ni información sobre cómo podrían recuperar los cuerpos para enterrarlos. Una mujer se desmayó y tuvo que ser trasladada a un auto cercano.
Cuando empezó a subir el tono de las voces en el edificio, dos policías intervinieron y pidieron a los familiares que se marcharan y esperasen fuera.
“Es humillante estar esperando aquí”, indicó una alterada Martinete Lira, que esperaba por el cadáver de su sobrino. “¡Esta masacre ocurrió una vez, ocurrió dos, y volverá a ocurrir!”.
Las muertes han renovado las peticiones de que se construyan nuevas y mejores prisiones, y el descontento plantea un nuevo desafío al gobierno del presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, que ha prometido limpiar las cárceles brasileñas dentro de una campaña más amplia contra el crimen.
Más tarde el miércoles, las autoridades entregaron finalmente 22 cadáveres, que se sumaban a los 15 entregados unos días antes. Los demás estaban almacenados en una unidad temporal refrigerada prestada al instituto para ayudar a gestionar todos los cuerpos.
Otro motivo de indignación fue el anuncio del gobernador de Amazonas, Wilson Lima, de que el estado no pagaría indemnizaciones a las familias de las víctimas. “El gobierno no tiene dinero para eso”, dijo Lima en una rueda de prensa el martes.
Para el padre Joao Poli, que visita a presos en los penales del estado desde hace casi una década, la falta de consideración del gobierno por los familiares refleja el trato que reciben los reos dentro de las prisiones.
“La explotación de los presos es dramática”, explicó Poli, nacido en Italia, a The Associated Press. El sacerdote formaba parte de un pequeño grupo de religiosos que acudióal instituto forense para repartir emparedados y ofrecer traslados en auto de una agencia a otra.










