Masacre de Sonora refleja empeoramiento de guerra antidroga
CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Hubo una época en la que la violencia de la guerra de México contra el narcotráfico, entre 2006 y 2012, conmocionó a los estadounidenses, pero apenas les afectó. En esta ocasió…
CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Hubo una época en la que la violencia de la guerra de México contra el narcotráfico, entre 2006 y 2012, conmocionó a los estadounidenses, pero apenas les afectó. En esta ocasión, como en todo lo demás en el renovado conflicto del país con los carteles, es peor.
El asesinato de tres mujeres estadounidenses y seis de sus hijos, algunos de ellos bebés, el lunes en el estado norteño de Sonora dejó en evidencia la vieja creencia de que los carteles del narcotráfico evitarían matar a extranjeros, mujeres o niños. Pero no fue ni la primera ni la única vez.
Los niños pasan a ser víctimas con una frecuencia escalofriante mientras las reglas no escritas de la guerra contra el narco parecen desvanecerse. En agosto, pistoleros entraron a una casa de Ciudad Juárez, territorio del cartel de Juárez, y dispararon 123 balas que acabaron con la vida de niñas de 14, 13 y 4 años además de con la de un adulto que parecía ser el verdadero blanco del ataque.
Unos días antes de la masacre de Sonora, la policía detuvo a un sospechoso en la capital del estado, Hermosillo, que retenía a un empresario de Nueva York para pedir un rescate en un caso con una víctima extranjera. El hombre fue secuestrado en Tucson, Arizona, y al parecer cruzó la frontera en el maletero de un coche.
El impactante asesinato de los nueve estadounidenses a manos de pistoleros hicieron que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreciese ayuda a México para borrar los cárteles “de la faz de la Tierra”. Su homólogo mexicano, Andrés Manuel López Obrador, rechazó la oferta, pero otros, tanto dentro como fuera del país, se preguntan si no habrá llegado el momento de que cambie su política de “abrazos, no balazos”, que evita la confrontación y trata de resolver los problemas sociales subyacentes en su lugar.
Incumplir las viejas convenciones de no matar a niños y familias o atacar a extranjeros no parece ser una prioridad, ni siquiera una preocupación, para los criminales dada la débil aplicación de la ley en México.
“Desde la perspectiva de los delincuentes, es lo mismo matar a uno que matar a nueve”, dijo el analista de seguridad Alejandro Hope. “No perciben que hay un riesgo adicional de cometer este tipo de actos de brutalidad extrema”.
“Mismo caso con los niños, no perciben que hay una raya en la arena. Y no lo han percibido porque el Gobierno no lo ha pintado”, agregó.
Los estadounidenses muertos vivían en comunidades mexicanas fundadas hace décadas por una escisión de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Los reportes de las madres intentando proteger a sus hijos de la lluvia de balas y de niños heridos caminando durante horas tras la balacera para buscar ayuda para los sobrevivientes más pequeños intensificaron los llamados desde el extranjero para una nueva guerra contra el narco.










