Quise ser el mejor en el peor año de mi vida

Quise ser el mejor en el peor año de mi vida

Por: Mix Díaz (Articulo de opinión)

Hace unos años estaba sin empleo y en nuestra familia estábamos pasando una situación económica muy difícil, para mí, siendo “El hombre de la casa” me resultaba incómodo saber que no estaba produciendo dinero, sino que todos dependíamos del ingreso que mi madre llevaba lo cual era muy poco, ya que adicional a la los gastos de la casa también estaban los gastos de mi universidad. Una ocasión duré casi tres meses caminando una distancia de una hora de recorrido, para poder ahorrarme un pasaje.

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Yo había entendido que no debía quejarme y que si Dios decidió que pasáramos por esa situación, pues habría que soportarla “dándole gracias por todo” y ahí estaba yo, dando ejemplo de un joven firme en la fe, demostrándole a Dios que no me iba a quejar y que aceptaría su voluntad.

Ya habían pasado casi un año en esa situación y cada vez empeoraba, mi madre perdió el trabajo, lo que llevo a muchas noches sin cenar, otros días sin poder comer, pero yo seguía fiel a mi fe, no cuestionaba a Dios porque esa era su voluntad y quería cumplirla y demostrarle que soy un cristiano ejemplar.

Los meses pasaban y yo no conseguía trabajo a pesar de enviar curriculum a cualquier oferta y si recibía una llamada que me emocionaba, era un número equivocado. Me fui a trabajar a un taller donde ganaba prácticamente solo para el pasaje de la universidad, sin embargo, no me quejaba de Dios porque tenía que mostrar que yo aceptaba su voluntad.

Una mañana un amigo me envió una oferta de empleo que vio, estaban buscando personas sin experiencia y pagaban un buen sueldo. Yo no tenía suficiente dinero para ir al lugar porque era retirado, pero como la oferta se veía segura, llame y coordine para llegar, tomé el último dinero que me quedaba y busque unos documentos que me pedían y dos horas antes estaba yo ahí, ya que habían dicho que el cupo de las vacantes era limitado.

A las 9 ya había una fila y nos entraron en grupo de veinte, por suerte mía, según yo, era parte de ese grupo. Solo me quedaba el pasaje de volver porque compré algo de desayuno y en esa zona y todo era muy caro.  Dentro del salón nos empezaron a hablar del trabajo y para acortar la historia, era un fraude, la oferta no era real y solo perdí mi tiempo y el poco dinero que tenía. Trague en seco, mire al cielo y decidir irme tranquilo porque yo aceptaba la voluntad de Dios y no lo iba a cuestionar.

Estando en la parada de guagua una señora me dice

—Joven, está botando el dinero. No entendía bien lo que quería decirme y me señala hacia los pies y ahí había una papeleta de veinte pesos, yo rápidamente la tomo, viendo esto como un rayo de luz, dinero que no tengo y esos veinte ayudan para el desayuno. El día parece que no será tan malo y veo que Dios está empezando a valorar mi obediencia sin quejas a su voluntad, pensé. Colocó el dinero que acabo de encontrar en los bolsillos y me percato de algo que me deja en shock, mi bolsillo estaba roto, ese dinero era mío y a eso era que la doña se refería, el poco dinero que tenía se me había caído y solo habían quedado esos veinte pesos. Respire profundo por unos segundos y como todo ser que obedece fielmente la voluntad de Dios me fui caminando.

El dinero que tenía no me alcanzaba para tomar la guagua, así que camine casi más de quince kilómetros, para poder tomar un vehículo a mi casa, el sol del medio día me estaba golpeando fuerte, los zapatos me ardían y sentí que me estaba por desmayar. Llegue a la ruta y ya en mi casa, que en ese momento no había nadie, entre a mi cuarto y lloré, me quejé con Dios, era injusto que me estuviera tratando tan mal si yo prácticamente le era fiel en todo ¿Por qué me trataba de esa manera? Le pedí que si él quería acabar conmigo, que lo hiciera de una vez y que me evitara todo esté mal.

En ese momento, si alguien me mencionaba la “voluntad de Dios” íbamos a tener grandes problemas. Llore tanto que me quede dormido.

Mi abuela llega y le explico todo, en ese momento lo había comido así que ella cocinó y mientras como, suena el Móvil y lo contesto. Era una de las empresas donde había enviado solicitud y me estaba llamando para la entrevista, no me lo creía porque no esperaba que esa empresa me llamara, ya que no tenía experiencia, después de colgar a los 10 minutos me llamaron de otra empresa para lo mismo, al otro día fue similar. En dos días me llamaron de 5 empresas diferentes y todas con buenas ofertas, así que acepte una y rechace otra, Ahora era yo el cotizado.

¿Qué pasó? ¿Por qué tuve que quejarme de esa manera para que estas cosas pasaran? Tengo la certeza absoluta de que Dios no reacciona a la presión que pretendemos querer ponerle, entonces ¿Qué pasó en realidad?

Con el tiempo pude entender que Dios quería que yo me conociera realmente, no era el “tipo” que aceptaba su voluntad, era un ser sencillo que sufría y que no estaba de acuerdo con lo que estaba pasando. Dios sabía que yo no era el tipo que daba gracias por todo, sino alguien que quería demostrar algo que no era. Soy frágil y no soy tan obediente a sus planes, sin embargo, el estar cerca de él es lo que perfecciona mi carácter, decirle a Dios lo que sentimos no nos hace rebeldes, nos hace hijos.

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