Un gesto tan simple como presionar la tecla “cancelar” al finalizar una operación en el cajero automático puede marcar la diferencia entre una transacción segura y un posible fraude. Esta acción garantiza el cierre inmediato de la sesión y evita que la cuenta quede expuesta durante los segundos en los que algunos terminales permanecen activos tras la retirada del dinero.
La prevención comienza incluso antes de insertar la tarjeta y se extiende hasta abandonar completamente el área del cajero. Medidas básicas, pero constantes, reducen de forma significativa el riesgo de delitos financieros.
Pulsar “cancelar” fuerza el cierre inmediato de la sesión y bloquea cualquier intento de acceso posterior. De no hacerlo, otra persona podría aprovechar ese breve intervalo para realizar consultas o transacciones no autorizadas. Por ello, se recomienda permanecer frente al cajero hasta verificar que la pantalla principal haya reaparecido, confirmando que la operación se cerró correctamente.
Cómo identificar si un cajero ha sido manipulado
Antes de realizar cualquier operación, es importante inspeccionar el cajero en busca de elementos extraños en el lector de tarjetas, el teclado o el dispensador de efectivo. Piezas mal ajustadas, ranuras inusuales o pequeñas cámaras pueden indicar la presencia de dispositivos utilizados para clonar tarjetas o retener dinero.
Se aconseja utilizar cajeros ubicados en espacios interiores o bien iluminados, donde suele haber mayor vigilancia y control de seguridad.
Qué hacer con el recibo de la operación
Recoger siempre el recibo generado por el cajero es otra medida de protección. Este documento puede contener información sensible, como parte del número de la tarjeta o el saldo disponible, por lo que no debe dejarse en el área ni desecharse sin cuidado.
Adoptar estos hábitos sencillos contribuye a reducir riesgos y a proteger la información financiera en cada operación.