Por qué algunas personas sienten más frío que otras, según la ciencia
Estudios del Instituto de Neurociencias de la Universidad Miguel Hernández de Elche y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas muestran que el cuerpo utiliza distintos mecanismos para detec…

Sentir frío de forma persistente no depende únicamente del clima externo. Factores fisiológicos, hormonales y médicos influyen en cómo percibimos la temperatura, según un análisis publicado en The Conversation.
Temperatura corporal y distribución del calor
La temperatura del cuerpo varía a lo largo del día y según la zona. La media habitual es de 36,6 °C, aunque puede desviarse medio grado. El recto registra cerca de 37 °C, mientras que la axila apenas llega a 35,9 °C, lo que explica por qué manos y pies suelen enfriarse primero. Además, la temperatura corporal es más alta por la tarde y desciende durante la madrugada, según el profesor Adam Taylor de la Universidad de Lancaster. Estas diferencias hacen que dos personas en el mismo ambiente puedan experimentar sensaciones térmicas muy distintas.
Diferencias anatómicas y metabólicas
Hombres y mujeres generan y retienen calor de forma diferente. Los hombres, con mayor masa muscular y tasa metabólica basal más alta, producen más calor incluso en reposo. En cambio, las mujeres tienen una capa de grasa más gruesa bajo la piel de brazos y piernas, lo que podría dificultar la transmisión del calor hacia la superficie cutánea. Esto explica, en parte, por qué muchas mujeres sienten frío con mayor frecuencia, según The Lancet y Harvard Health Publishing.
Estudios del Instituto de Neurociencias de la Universidad Miguel Hernández de Elche y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas muestran que el cuerpo utiliza distintos mecanismos para detectar frío en la piel (canal iónico TRPM8) y en los órganos internos (sensor TRPA1). Esto ayuda a entender por qué la sensación de frío superficial puede diferir de la que se experimenta al respirar aire frío o ingerir alimentos helados.
Influencia hormonal
Las hormonas sexuales afectan la temperatura y la percepción del frío. En las mujeres, el ciclo menstrual provoca variaciones: la temperatura disminuye antes de la ovulación y aumenta después. El estrógeno favorece la vasodilatación y reduce levemente el calor, mientras que la progesterona lo eleva. El uso de anticonceptivos orales con progesterona sintética puede mantener la temperatura elevada de manera sostenida.
En los hombres, la testosterona no altera la temperatura corporal, pero puede reducir la sensibilidad al frío al influir en los receptores cutáneos.
Enfermedades que aumentan la sensibilidad al frío
Algunos trastornos médicos también incrementan la percepción del frío. Entre ellos:
- Enfermedad de Raynaud: estrechamiento brusco de los vasos sanguíneos en extremidades, causando entumecimiento y dolor.
- Hipotiroidismo: provoca intolerancia al frío, fatiga y piel seca.
- Enfermedades vasculares como arteriosclerosis periférica: reducen el flujo sanguíneo, generando frío crónico en las extremidades.
- Lesiones por congelación: dejan secuelas en la sensibilidad y la capacidad de conservar el calor.
Cuando la sensación de frío es persistente o inusual, los especialistas citados por The Lancet recomiendan consultar a un profesional de la salud para descartar condiciones médicas subyacentes.









