Por qué “comer menos y moverse más” ya no es suficiente para bajar de peso, según nutricionistas
Según la especialista, la clave está en elegir alimentos que promuevan la saciedad, el equilibrio metabólico y el bienestar general, más que en limitarse exclusivamente al conteo de calorías.

Durante años, el consejo de “comer menos y moverse más” ha dominado las recomendaciones para perder peso, presentado como una fórmula simple y casi infalible. Sin embargo, especialistas en nutrición y salud advierten que esta consigna, repetida durante décadas, oculta una realidad mucho más compleja.
Pese a su popularidad, las tasas de obesidad continúan en aumento a nivel mundial, lo que pone en duda la eficacia real de este enfoque tradicional y evidencia la necesidad de mirar más allá de las soluciones simplistas.
Referentes médicos como Elisabeth van Rossum, endocrinóloga del Centro Médico de la Universidad Erasmus de Róterdam, sostienen que la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial. En ese sentido, critican la idea reduccionista de que todo se resuelve solo con comer menos y hacer más ejercicio. “Si fuera tan sencillo, no existiría una epidemia de obesidad”, afirmó la especialista.
De igual forma, la guía canadiense Obesity in adults: a clinical practice guideline y expertos de Harvard Health coinciden en que el organismo responde a las restricciones con adaptaciones metabólicas y hormonales. Además, el sobrepeso está influido por factores genéticos, ambientales y psicológicos, lo que hace insuficiente un único enfoque para todos los casos.
Por estas razones, cada vez más expertos consideran que el método clásico puede resultar limitado e incluso contraproducente, abriendo el debate sobre la necesidad de abordar la salud y el bienestar de manera integral.
La importancia de la calidad de los alimentos
La nutricionista Melissa Mitri señaló que “comer menos y moverse más es un enfoque simplista para perder peso que no ofrece una guía real”. Según explicó, el problema no radica únicamente en la cantidad de calorías consumidas, sino en la calidad nutricional de los alimentos.
No todas las calorías tienen el mismo efecto en el cuerpo. Los productos ultraprocesados suelen aumentar el hambre y dificultar el control del apetito, mientras que los alimentos integrales y ricos en nutrientes favorecen la saciedad por más tiempo.
Mitri destacó que, al priorizar la calidad de la dieta e incorporar más verduras y alimentos frescos, muchas personas lograron reducir en promedio unas 500 calorías diarias sin necesidad de restringir porciones de forma estricta ni experimentar sensación de privación.
Según la especialista, la clave está en elegir alimentos que promuevan la saciedad, el equilibrio metabólico y el bienestar general, más que en limitarse exclusivamente al conteo de calorías.









